Es un mal argentino como pocos. ¿Quién se atrevería negarlo? Somos panqueques, lo que condenamos un día lo reivindicamos al siguiente. Del “que se vayan todos” a “hay que salvaguardar las instituciones”, los extremos estan a un solo paso para nosotros.
Hoy lo vemos de nuevo. Hace pocos meses que condenabamos a rajatabla los piquetes. “Esos negros de mierda”, se escuchaba decir. Ahora, cuando el piquete no lo hacen mas los “negros de mierda”, sino la gente del campo, se vuelve la más legítima forma de protesta. Caceroleamos con ellos, los aplaudimos cuando pasamos por la ruta.
Me recuerda al 2001, cuando a la clase media le metieron la mano en el bolsillo (o la cuenta bancaria) y la violencia estubo bien vista.
El mayor problema de panquequear a lo loco es que nos olvidamos de tomar distancia y ver los problemas reales. Solo vemos la mas obtusa totalidad de lo reciente y lo superficial. Gritamos, golpeamos cacerolas, condenamos a un lado y al otro viendo nada mas que el más reciente síntoma del problema que sea que nos afecta.
¿Es justo el reclamo de los productores agopecuarios? En gran medida si. Tienen todo el derecho a ganar dinero por su trabajo. Pero ¿Qué es lo que nos lleva a que un Gobierno quiera imponer impuestos tan altos? La propia inutildad del gobierno y la codicia de muchos sectores que hoy protestan.
Que el gobierno K no tiene la mas mínima idea de como controlar la inflación no es novedad para nadie. Toda la situación económica tiene olor a pólvora. Kristina entonces acude a medidas desesperadas (e ineficientes) para mantener el desenfrenado aumento en niveles aceptables. Las retenciones son uno de ellos.
Por otra parte la clase Gobernante desde el 2001 en adelante ha hecho poco por fortalezer la real economía. Sin tal fortalezimiento la recaudación relativa tenderá indefectiblemente a bajar. Y estamos bajo un gobiero que adora tener el colchoncito lleno de dólares. Eso no estaría mal si se les diera un buen uso final, pero eso no parece ser el caso.
Nuestra querida “gente de campo” o, mas bien, los que tienen la sartén por el mango (que son pocos) en el campo prefieren exportar a los histórocamente altos precios de los alimentos antes que vender internamente por un margen mucho menor. ¿Quién puede culparlos? Todos. Porque somos proclives al egoismo mas absoluto. Al “que se caguen todos”. Si vemos ese egoismo en la vida cotidiana (en el tráfico, en el trabajo, colandose en los bancos… ), imáginense al nivel que llega ese mismo sentimiento egoista cuando lo que hay por ganar es mucho mas.
Vivimos una de esas situaciones donde los que perdemos somos casi todos los demas. No gana nadie en esta pulseada. Triste pérdida de tiempo.
